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En la palabra promesa hay algo sagrado, divino, estelar. Más si cabe, cuando uno se promete algo a sí mismo o, dicho de otro modo, cuando se compromete con una causa que parte de uno y afecta a otros. En la palabra valentía hay algo muy humano, terreno y, sin embargo, heroico. Y lo es más cuando uno le echa coraje a un proyecto, el origen de algo que trasciende su propia existencia. Esta entrada está dedicada a todos los empresarios, emprendedores y profesionales comprometidos, valientes, responsables y que cumplen su palabra. ¡Va por ustedes!


Muchos de los que me conocéis sabéis que amo la etimología y el lenguaje por aquello del poder sanador que tiene el pensamiento, el sentimiento, la acción hecha palabra. Muy al contrario del refrán, no pienso que las palabras se las lleve el viento. Se las lleva la mala memoria. Se las lleva el hombre mismo y su voluntad de no comprometerse. Pues bien, si hay algo que simboliza la promesa, la valentía y la palabra, es el Mito de Prometeo porque la promesa convertida en palabra para ser cumplida la heredamos del titán Prometeo, que fue el creador mitológico del hombre.

Prometeo llevando el fuego sagrado al hombre” Obra de Heinrich von Füger. 1790.

Permitidme que os cuente tan extraordinaria historia. Zeus ordenó a Prometeo y a su hermano (Epimeteo) poblar la tierra con criaturas. Epimeteo se decantó por la cantidad: crear muchas y con multitud de dones que el padre Zeus le regaló. Sin embargo, Prometeo se inclinó, podríamos decir, por la calidad. Dedicó todo su tiempo a trabajar con mucho mimo en una criatura a semejanza de los dioses: el ser humano. Se demoró tanto en esculpirlo que cuando terminó no quedaban apenas dones con los que revestirlo. A Prometeo le dio tanta pena que así fuera, que, al ver tiritar a su criatura en las frías noches de invierno, le prometió traerle el fuego de los dioses ( símbolo de la luz y el conocimiento) y decidió robarlo a espaldas de Zeus. Cierto es que Prometeo era osado y atrevido y que, provocar la ira de Zeus poniendo a prueba su paciencia, era uno de sus deportes preferidos. Así que trepó el monte Olimpo y robó el fuego del carro de Helios. De esta forma la humanidad pudo calentarse (lo de las compañías eléctricas llegó mucho después). En la versión del Protágoras de Platón, Prometeo robaba además las artes, porque sin el fuego no servían para nada, proporcionando de esta forma al hombre los medios con los que ganarse la vida y, por tanto, sus talentos. Posteriormente recordaréis lo que ocurrió: Zeus privó del fuego sagrado a la humanidad, castigando indirectamente al benefactor Prometeo, además de llevarle al Cáucaso para encadenarlo durante 30.000 años y que un águila hambrienta le devorara el hígado cada noche. Una “vendetta” en toda regla.

¿Que por qué os cuento todo esto? Porque este blog tiene la intención de hacer pensar…siempre y a ser posible, humanamente.

Mi razón es la siguiente: cuando uno se compromete, desaparecen las medias frases, los interrogantes, los titubeos, el poder echarse atrás o perder tiempo divagando, la inacción, la parálisis neuronal, el hacer para deshacer. Ves tan claro la senda firme, sólida, pétrea hacia el monte Olimpo que imposible no avanzar. Sabes que hay que ir a por el fuego y que tiene sus riesgos, pero lo haces porque es mucho mayor la recompensa que dar un tras pies, caer al vacío o que te tilden de “loco temerario”. Lo que es cierto es que hay que ser valiente. Yo lo soy y además tengo la suerte de contar con personas tan valientes o más que yo a mi alrededor. Porque si hay algo importante en emprender una actividad no es sólo la iniciativa y la creación, sino también la valentía y el compromiso. Eso es lo que hace que los proyectos tengan futuro y cuentes con las primeras semillas que germinan y asoman sobre la tierra, las primeras propuestas comerciales en marcha. Es como si el Universo bailara contigo, se moviera con tu proyecto porque tú iniciaste el movimiento: todo lo sembrado va brotando, todas las piezas del puzzle empiezan a encajar. Y si hay alguna que aparentemente sobra, déjala, porque esa formará parte de otro baile más adelante. Es como si el cosmos te estuviera ayudando porque además de la siembra, hay agua que fluye, con la corriente a favor y sol que calienta aun en un gélido invierno como empieza a resultar éste. Y lo que suponías que podría tardar en llegar, porque oye, “esto de conectar programas de desarrollo para empleados y la responsabilidad social de la empresa, cuesta”, va llegando. Afortunadamente no estás solo y cada vez son más los ejemplos de empresas socialmente responsables que invierten en el desarrollo de su plantilla (sin ir más lejos: Calidad Pascual, holding español y ejemplo a seguir por su modelo estratégico de calidad sostenible) y eso te ayuda en la labor titánica comercial a la que te enfrentas.

Imagen de la manzana que rodea el Rockefeller Centre de New York con la fuente y escultura de “Prometeo” obra de Paul Manship. Tras la escultura, las banderas de los estados miembros de Naciones Unidas, promotora de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Algunos clientes nos piden servicios que en Idreal podríamos prestar puesto que contamos con conocimientos, habilidades y experiencia para ello (selección y headhunting, consultoría en organización y procesos de RRHH, evaluación por competencias, sistemas de retribución, compensación y beneficios, etc) pero que no prestamos. Si así fuera nos llamaríamos Epimeteo. Y nos llamamos Idreal. Y no los prestamos porque cuando constituimos la firma, nos hicimos una promesa y se la hicimos al mercado y a la sociedad. Demostramos valentía y dimos nuestra palabra de ser adalides de nuestros valores y nuestra misión: contribuir con proyectos de desarrollo profesional a través de un método único y distinto, conectarlos con la responsabilidad social corporativa, la reputación y la marca de nuestros clientes. Ese es nuestro sello, nuestra diferencia.

Así que, desde estas líneas, te animo, estimado lector, a que te preguntes ¿cuánto de Epimeteo o de Prometeo hay en mí o en mi empresa?, en estos tiempos turbulentos donde muchos se ven obligados a “tirar los precios”, sacrificar calidad, ajustar tiempos…(y por tanto, a no invertir en su personal y su desarrollo o incluso, prescindir de él) para continuar en el mercado, pero que posiblemente en un tiempo, lo paguen con la pérdida de cuota en ese mismo mercado o incluso desapareciendo.

Y a ti te digo: apuesta por la promesa firme, valiente, hecha palabra y que te haga recordar a Prometeo, y que tu equipo, tú mismo, los que trabajáis por una misma causa (en nuestro caso, Idreal), puedan sentirse Titanes porque crean que se pueden hacer las cosas de otra manera, y se pueden hacer muy bien. Con determinación, perseverancia, pedagogía, algo de picardía, dedicación, finalidad, coherencia, sentido de la comunidad y de la humanidad.

Y quién sabe si algún día, existirá el sello profesional o empresarial “PROMETEO”, para empresas y personas que cumplen sus promesas con la palabra dada, valentía, decisión y responsabilidad. Creo que ahí está y estará la diferencia.

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